Lluvia
Mayo. Lluvias. Siempre concordé con esta Shirley Manson cuando decía que solo era feliz cuando llovía. Claro, porque ella nunca se tuvo que montar en un bus de Sabana Cementerio en Hora Pico. Pfff. Eso no hace feliz a nadie. Primero porque tuve la grandiosa idea de no revisar la sombrilla del año pasado a ver si todavía le podía sacar el jugo. Digo, las varillas torcidas no es tanto el problema, sino que la tela estaba ya lullida y medio aguacero a fin de cuentas terminó en mi cabeza. Hoy que me había lavado el pelo!! En fin, nota mental: pasar a donde el chino a comprar somblillita de mil colones.
Segundo. Hacer fila en estas paradas, que literalmente son de a paradas. 20 metros de enfermedad, caras largas, pollo frito y patas mojadas. Ojalá tuviera carro. Bueno. Es que igual no podría ni pagar la gasolina. Y menos una moto! Ja! Llegan tantos accidentados en moto, que mejor le hago la cruz.
Al fin me pude subir en este perol viejo. Con razón el pasaje sigue siendo de los más baratos. Evidentemente, no pude conseguir campo “de a sentada”, me tocó acomodarme entre una bolsa de mercado y Dios sabe qué otro artefacto estaba rozándome la espalda baja. Aunque eso es una ventaja porque a fin de cuentas, en un frenazo, no voy a ir a dar a medio pasillo. Reboto entre los chayotes. Y además, sentada me corro el riesgo de que se me arrime alguno que otro objeto no deseado. Ewww!
Deberían dejar fumar en los buses. Hace el tiempo más corto y aleja un poco a los indeseados. La cuestión es que iba yo “feliz de la vida” guindando de la barra del bus cuando comienzo a sentir que el objeto de la espalda baja comienza a tener vida propia y empieza a “caminar” por todo lado. Empecé a tirar codazos disimulados a ver si entendían el mensaje, pero no. Me acordé de esos masajes “Manos Traviesas”, porque la verdad este tipo (o tipa) realmente hacía honor al nombre. Igual, la bolsa de chayotes no me dejaba voltearme para al culpable. Ah! Qué más da. El pobre o la pobre debía estar algo necesitada. Todos lo estamos a veces. La tocadera, debo admitir, estuvo divertida un buen rato en el trayecto. Hasta que llegamos a la parada de la Caja.
Esa estámpida de animales se bajó como alma que lleva el diablo. Y yo con ellos. Pasé a la farmacia de la esquina a saludar a Marcia y Anita, escampar y comprarme una Vitapirena para prevenir cualquier brote de mocos. Cuál fue mi sorpresa cuando veo mi bolso abierto, SIN mi billetera!! Argh!! Estúpido “tocador”!! Tras de que le presto mi cuerpo para que se sacie, este infeliz, me cobra!!!! Y la bruta soy yo, porque sabiendo lo invivible que puede ser la gente, no me pasó por la cabeza (creo que sentía rico y todo). Ahora tengo que ir a reponer la cédula, el carnet del Hospital y cancelar la tarjeta de crédito que a fin de cuentas nunca uso. Vale que nunca salgo con mucha plata, y me había guardado un billetillo en la media. Al menos Marcia me regaló la Vitapirena. Por qué mejor no me robó la sombrilla?
Ahora me da cólera cuando llueve!!!

